lunes, febrero 20, 2017

Evangelio Febrero 20, 2017

Día litúrgico: Lunes VII del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,14-29): En aquel tiempo, Jesús bajó de la montaña y, al llegar donde los discípulos, vio a mucha gente que les rodeaba y a unos escribas que discutían con ellos. Toda la gente, al verle, quedó sorprendida y corrieron a saludarle. Él les preguntó: «¿De qué discutís con ellos?». Uno de entre la gente le respondió: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido. He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido».

Él les responde: «¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo estaré con vosotros? ¿Hasta cuándo habré de soportaros? ¡Traédmelo!». Y se lo trajeron. Apenas el espíritu vio a Jesús, agitó violentamente al muchacho y, cayendo en tierra, se revolcaba echando espumarajos. Entonces Él preguntó a su padre: «¿Cuánto tiempo hace que le viene sucediendo esto?». Le dijo: «Desde niño. Y muchas veces le ha arrojado al fuego y al agua para acabar con él; pero, si algo puedes, ayúdanos, compadécete de nosotros». Jesús le dijo: «¡Qué es eso de si puedes! ¡Todo es posible para quien cree!». Al instante, gritó el padre del muchacho: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!».

Viendo Jesús que se agolpaba la gente, increpó al espíritu inmundo, diciéndole: «Espíritu sordo y mudo, yo te lo mando: sal de él y no entres más en él». Y el espíritu salió dando gritos y agitándole con violencia. El muchacho quedó como muerto, hasta el punto de que muchos decían que había muerto. Pero Jesús, tomándole de la mano, le levantó y él se puso en pie. Cuando Jesús entró en casa, le preguntaban en privado sus discípulos: «¿Por qué nosotros no pudimos expulsarle?». Les dijo: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración».


«¡Creo, ayuda a mi poca fe!»
Rev. D. Antoni CAROL i Hostench - (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

Hoy contemplamos —¡una vez más!— al Señor solicitado por la gente («corrieron a saludarle») y, a la vez, Él solícito de la gente, sensible a sus necesidades. En primer lugar, cuando sospecha que alguna cosa pasa, se interesa por el problema.

Interviene uno de los protagonistas, esto es, el padre de un chico que está poseído por un espíritu maligno: «Maestro, te he traído a mi hijo que tiene un espíritu mudo y, dondequiera que se apodera de él, le derriba, le hace echar espumarajos, rechinar de dientes y lo deja rígido» (Mc 9,17-18).

¡Es terrible el mal que puede llegar a hacer el Diablo!, una criatura sin caridad. —Señor, ¡hemos de rezar!: «Líbranos del mal». No se entiende cómo puede haber hoy día voces que dicen que no existe el Diablo, u otros que le rinden algún tipo de culto... ¡Es absurdo! Nosotros hemos de sacar una lección de todo ello: ¡no se puede jugar con fuego!

«He dicho a tus discípulos que lo expulsaran, pero no han podido» (Mc 9,18). Cuando escucha estas palabras, Jesús recibe un disgusto. Se disgusta, sobre todo, por la falta de fe... Y les falta fe porque han de rezar más: «Esta clase con nada puede ser arrojada sino con la oración» (Mc 9,29).

La oración es el diálogo “intimista” con Dios. Juan Pablo II ha afirmado que «la oración comporta siempre una especie de escondimiento con Cristo en Dios. Sólo en semejante “escondimiento” actúa el Espíritu Santo». En un ambiente íntimo de escondimiento se practica la asiduidad amistosa con Jesús, a partir de la cual se genera el incremento de confianza en Él, es decir, el aumento de la fe.

Pero esta fe, que mueve montañas y expulsa espíritus malignos («¡Todo es posible para quien cree!») es, sobre todo, un don de Dios. Nuestra oración, en todo caso, nos pone en disposición para recibir el don. Pero este don hemos de suplicarlo: «¡Creo, ayuda a mi poca fe!» (Mc 9,24). ¡La respuesta de Cristo no se hará “rogar”!
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Fuente: evangeli.net

Santoral Febrero 20


-Beata Amada (de Corano) de Asís,
-Beata Jacinta Marto, Vidente de Fátima
-Beata Julia Rodzinska, Virgen Dominica, Religiosa y Mártir

-Beato Desiderio de Thérouanne, Obispo
-Beato Noel Pinot, Presbítero y Mártir
-Beato Pedro de Treia o Treja, Presbítero Franciscano
-San Besarión de Scete, Solitario
-San Euquerio de Lieja, Obispo
-San Eusquerio de Orleans, Obispo
-San Falcón de Lieja, Obispo
-San Falco de Maastricht, Obispo
-San Félix II, Antipapa
-San León de Catania, Obispo
-San Nemesio de Chipre, Mártir
-San Nilo de Tiro, Obispo Mártir (Busco Estampa)
-San Macario de Alejandría, Mártir
-San Peleo de Tiro, Obispo Mártir (Busco Estampa)
-San Posidio de Calamo, Obispo (Busco Estampa)
-San Potamio de Chipre, Mártir
-San Sereno, Mártir (Busco Estampa)
-San Silvano de Tiro, Obispo Mártir (Busco Estampa)
-San Tirannio de Tiro, Obispo y Compañeros Mártires
-San Ulrich de Haselbury, Ermitaño
-San Ulrico de Inglaterra, Presbítero y Anacoreta
-San Zenobio de Tiro, Presbítero Mártir (Busco Estampa)

-Santa Paula de Avila, Virgen
-Santa Paulina de Belén, Religiosa nieta de Santa Paula Romana

domingo, febrero 19, 2017

Evangelio Febrero 19, 2017

Día litúrgico: Domingo VII (A) del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mt 5, 38-48): En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Habéis oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente’. Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda.

»Habéis oído que se dijo: ‘Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo’. Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial».


«Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial»
Rev. P. José PLAZA Monárdez - (Calama, Chile)

Hoy, la Palabra de Dios, nos enseña que la fuente original y la medida de la santidad están en Dios: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48). Él nos inspira, y hacia Él caminamos. El sendero se recorre bajo la nueva ley, la del Amor. El amor es el seguro conductor de nuestros ideales, expresados tan certeramente en este quinto capítulo del Evangelio de san Mateo. 

La antigua ley del Talión del libro del Éxodo (cf. Ex 21,23-35) —que quiso ser una ley que evitara las venganzas despiadadas y restringir al “ojo por ojo”, el desagravio bélico— es definitivamente superada por la Ley del amor. En estos versículos se entrega toda una Carta Magna de la moral creyente: el amor a Dios y al prójimo.

El Papa Benedicto XVI nos dice: «Solo el servicio al prójimo abre mis ojos a lo que Dios hace por mí y a lo mucho que me ama». Jesús nos presenta la ley de una justicia sobreabundante, pues el mal no se vence haciendo más daño, sino expulsándolo de la vida, cortando así su eficacia contra nosotros.

Para vencer —nos dice Jesús— se ha de tener un gran dominio interior y la suficiente claridad de saber por cuál ley nos regimos: la del amor incondicional, gratuito y magnánimo. El amor lo llevó a la Cruz, pues el odio se vence con amor. Éste es el camino de la victoria, sin violencia, con humildad y amor gozoso, pues Dios es el Amor hecho acción. Y si nuestros actos proceden de este mismo amor que no defrauda, el Padre nos reconocerá como sus hijos. Éste es el camino perfecto, el del amor sobreabundante que nos pone en la corriente del Reino, cuya más fiel expresión es la sublime manifestación del desbordante amor que Dios ha derramado en nuestros corazones por el don del Espíritu Santo (cf. Rom 5,5).
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Fuente: evangeli.net

Santoral Febrero 19


-Beato Conrado de Piacenza Confalonieri
-Beato José Zaplata, Religioso y Mártir
-Beato Federico de Hirsau, Abad 

-Nuestra Señora de la Buena Noticia, Lempdes, Francia (1500´s) 

-San Álvaro de Zamora o de Córdoba, Dominico
-San Asia de Alejandría, Médico y Mártir
-San Auxib de Solis, Obispo
-San Conon de Alejandría, Monaco
-San Conrado de Sicilia
-San Gabino de Roma, Presbítero y Mártir
-San Jorge de Vabres, Monje (Busco Estampa)
-San Mansueto de Milán, Obispo
-San Proclo o Prodo de Bisignano, Monje (Busco Estampa)
-San Quodvultdeus de Cartago, Obispo y Confesor
-San Teodoro de Sanaxar,

-Santa Isabel Picenardi, Virgen Servita
-Santa Lucía Yi Zhenmei, Virgen y Mártir
-Santa Filotea de Atenas, Ascéptica Mártir

-Santos Monjes y compañeros de Palestina, Mártires (Busco Estampa)

sábado, febrero 18, 2017

Evangelio Febrero 18, 2017

Día litúrgico: Sábado VI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 9,2-13): En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: «Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías»; pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados. Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: «Este es mi Hijo amado, escuchadle». Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de "resucitar de entre los muertos".

Y le preguntaban: «¿Por qué dicen los escribas que Elías debe venir primero?». Él les contestó: «Elías vendrá primero y restablecerá todo; mas, ¿cómo está escrito del Hijo del hombre que sufrirá mucho y que será despreciado? Pues bien, yo os digo: Elías ha venido ya y han hecho con él cuanto han querido, según estaba escrito de él».


«Les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto»
Rev. D. Xavier ROMERO i Galdeano - (Cervera, Lleida, España)

Hoy, el Evangelio de la transfiguración nos presenta un enigma descifrado. El texto evangélico de san Marcos está plagado de secretos mesiánicos, de momentos puntuales en los cuales Jesús prohíbe que se dé a conocer lo que ha hecho. Hoy nos encontramos ante un “botón de muestra”. Así, Jesús «les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos» (Mc 9,9).

¿En qué consiste este secreto mesiánico? Se trata de levantar un poco el velo de aquello que se esconde debajo, pero que sólo será desvelado totalmente al final de los días de Jesús, a la luz de su Misterio Pascual. Hoy lo vemos claro en este Evangelio: la transfiguración es un momento, una catadura de gloria para descifrar a los discípulos el sentido de aquel momento íntimo.

Jesús había anunciado a sus discípulos la inminencia de su pasión, pero al verles tan turbados por tan trágico fin, les explica con hechos y palabras cómo será el final de sus días: unas jornadas de pasión, de muerte, pero que concluirán con la resurrección. He aquí el enigma descifrado. Santo Tomás de Aquino dice: «Con el fin de que una persona camine rectamente por un camino es necesario que conozca antes, de alguna manera, el lugar al cual se dirige».

También nuestra vida de cristianos tiene un fin desvelado por Nuestro Señor Jesucristo: gozar eternamente de Dios. Pero esta meta no estará exenta de momentos de sacrificio y de cruz. Con todo, hemos de recordar el mensaje vivo del Evangelio de hoy: en este callejón aparentemente sin salida, que es frecuentemente la vida, por nuestra fidelidad a Dios, viviendo inmersos en el espíritu de las Bienaventuranzas, se agrietará el final trágico, gozando de Dios eternamente.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Febrero 18


-Beato Guillermo Harrington, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)
-Beato Jorge Kaszyra, Presbítero y Mártir
-Beato Juan "Angelico" de Fiésole, Presbítero y Pintor
-Beato Juan Pibush, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)
-Beato Mateo Malaventino, Mercedario Mártir

-Nuestra Señora de Laon, Reims, Francia (500), fundada por San Remigio.

-San Alejandro, Mártir
-San Cucias, Mártir
-San Clásico de Africa, Mártir
-San Claudio, Mártir
-San Eladio de Toledo, Abad y Arzobispo
-San Flaviano de Constantinopla, Patriarca Obispo y Mártir
-San Francisco Régis Clet, Presbítero Vicentino, Misionero y Mártir
-San Frúctulo de Africa, Mártir
-San Juan Chen Xianheng, Mártir de China
-San Juan Zhang Tianshen, Mártir de China
-San Leoncio de Metz, Obispo
-San Lorenzo de Ripafratta, Dominico, director de San Antonino de Florencia
-San Lucio de Africa, Mártir
-San Martino Wu Xuesheng, Mártir de China
-San Máximo, Mártir
-San Máximo de Africa, Mártir
-San Rútulo de Africa, Mártir
-San Sadoth de Persia y 128 compañeros, Mártires
-San Secundino de Africa, Mártir
-San Silvano de Africa, Mártir
-San Silvano, Discípulo de San Bernardo
-San Tarasio de Constantinopla, Patriarca
-San Teotonio o Teotono, Sacerdote y Fundador
-Santa Prepedigna, Madre y Mártir

viernes, febrero 17, 2017

Evangelio Febrero 17, 2017

Día litúrgico: Viernes VI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,34-9,1): En aquel tiempo, Jesús llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará. Pues, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida? Pues, ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? Porque quien se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles». Les decía también: «Yo os aseguro que entre los aquí presentes hay algunos que no gustarán la muerte hasta que vean venir con poder el Reino de Dios».


«Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame»
+ Rev. D. Joaquim FONT i Gassol - (Igualada, Barcelona, España)

Hoy el Evangelio nos habla de dos temas complementarios: nuestra cruz de cada día y su fruto, es decir, la Vida en mayúscula, sobrenatural y eterna.

Nos ponemos de pie para escuchar el Santo Evangelio, como signo de querer seguir sus enseñanzas. Jesús nos dice que nos neguemos a nosotros mismos, expresión clara de no seguir "el gusto de los caprichos" —como menciona el salmo— o de apartar «las riquezas engañosas», como dice san Pablo. Tomar la propia cruz es aceptar las pequeñas mortificaciones que cada día encontramos por el camino.

Nos puede ayudar a ello la frase que Jesús dijo en el sermón sacerdotal en el Cenáculo: «Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. Todo sarmiento que en mí no da fruto, lo corta; y todo el que da fruto, lo poda para que dé más fruto» (Jn 15,1-2). ¡Un labrador ilusionado mimando el racimo para que alcance mucho grado! ¡Sí, queremos seguir al Señor! Sí, somos conscientes de que el Padre nos puede ayudar para dar fruto abundante en nuestra vida terrenal y después gozar en la vida eterna.

San Ignacio guiaba a san Francisco Javier con las palabras del texto de hoy: «¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si arruina su vida?» (Mc 8,36). Así llegó a ser el patrón de las Misiones. Con la misma tónica, leemos el último canon del Código de Derecho Canónico (n. 1752): «(...) teniendo en cuenta la salvación de las almas, que ha de ser siempre la ley suprema de la Iglesia». San Agustín tiene la famosa lección: «Animam salvasti tuam predestinasti», que el adagio popular ha traducido así: «Quien la salvación de un alma procura, ya tiene la suya segura». La invitación es evidente.

María, la Madre de la Divina Gracia, nos da la mano para avanzar en este camino.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Febrero 17


-Beato Andrés de Anagni
-Beato Antonio Lesczewicz, Presbítero y Mártir
-Beato Guillermo Richardson, Mártir
-Beato Lucas Belludi, Presbítero Franciscano
-Beato Matías Shóbara, Mártir
-Beato Pedro de Treia,

-Nuestra Señora de Constantinopla, Bari, Turquía (566)

-San Angilberto,
-San Alejo Falcónieri, y compañeros Fundadores de los Servitas

-San Amadeo degli Amadei, Fundador (Servitas)
-San Benito de Dolia, Obispo
-San Benito de de Cagliari o Montecasino, Monje y Obispo en la isla de Cerdeña
-San Bonfilio Munaldi, Fundador (Servitas)
-San Bonajunta Manetti, Fundador (Servitas) 
-San Donato de Concordia, y 86 compañeros Mártires
-San Eutropio de Fregenal, Obispo
-San Fian de Lindisfarne, Abad y Obispo
-San Fintán o Fintano, Abad y Fundador
-San Fulrado, Abad y Capellán del Rey Pipino
-San Flaviano de Constantinopla, Patriarca Obispo y Mártir
-San Habt-Dens de Luna, Obispo
-San Hermógenes, Hieromartyr Patriarca de Moscú y de Toda Rusia, Taumaturgo
-San Hugocione degli Hugoccioni, Fundador (Servitas)
-San Lupiano,
-San Manetto dell'Antella, Fundador (Servitas)
-San Mesrob, Monje, Doctor de la iglesia Armenia
-San Pedro Yu Chong-nyul, Mártir
-San Policronio de Persia,
-San Rómulo de Concordia, Mártir
-San Secundiano de Concordia, Mártir
-San Silvino de Auchy o Thérouanne, Obispo
-San Sosteneo dei Sostegni, Fundador (Servitas)
-San Teodoro de Anasea, Soldado y Mártir
-San Teodoro de Bizancio

-Santa Constancia, hija de Constantino el Grande
-Santa Mariana, Virgen, hermana del apóstol San Felipe



-Venerable, Mariana de Jesús


jueves, febrero 16, 2017

Evangelio Febrero 16, 2017

Día litúrgico: Jueves VI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,27-33): En aquel tiempo, salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: «¿Quién dicen los hombres que soy yo?». Ellos le dijeron: «Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas». Y Él les preguntaba: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?». Pedro le contesta: «Tú eres el Cristo».

Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de Él. Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. Pero Él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: 


«¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres».
«¿Quién dicen los hombres que soy yo? (...) Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Rev. D. Joan Pere PULIDO i Gutiérrez Secretario del obispo de Sant Feliu - (Sant Feliu de Llobregat, España)

Hoy seguimos escuchando la Palabra de Dios con la ayuda del Evangelio de san Marcos. Un Evangelio con una inquietud bien clara: descubrir quién es este Jesús de Nazaret. Marcos nos ha ido ofreciendo, con sus textos, la reacción de distintos personajes ante Jesús: los enfermos, los discípulos, los escribas y fariseos. Hoy nos lo pide directamente a nosotros: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29).

Ciertamente, quienes nos llamamos cristianos tenemos el deber fundamental de descubrir nuestra identidad para dar razón de nuestra fe, siendo unos buenos testigos con nuestra vida. Este deber nos urge para poder transmitir un mensaje claro y comprensible a nuestros hermanos y hermanas que pueden encontrar en Jesús una Palabra de Vida que dé sentido a todo lo que piensan, dicen y hacen. Pero este testimonio ha de comenzar siendo nosotros mismos conscientes de nuestro encuentro personal con Él. Juan Pablo II, en su Carta apostólica "Novo millennio ineunte", nos escribió: «Nuestro testimonio sería enormemente deficiente si nosotros no fuésemos los primeros contempladores de su rostro».

San Marcos, con este texto, nos ofrece un buen camino de contemplación de Jesús. Primero, Jesús nos pregunta qué dice la gente que es Él; y podemos responder, como los discípulos: Juan Bautista, Elías, un personaje importante, bueno, atrayente. Una respuesta buena, sin duda, pero lejana todavía de la Verdad de Jesús. Él nos pregunta: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?» (Mc 8,29). Es la pregunta de la fe, de la implicación personal. La respuesta sólo la encontramos en la experiencia del silencio y de la oración. Es el camino de fe que recorre Pedro, y el que hemos de hacer también nosotros.

Hermanos y hermanas, experimentemos desde nuestra oración la presencia liberadora del amor de Dios presente en nuestra vida. Él continúa haciendo alianza con nosotros con signos claros de su presencia, como aquel arco puesto en las nubes prometido a Noé.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Febrero 16


-Beata Felipa Mareri, Religiosa Clarisa

-Beato Bernardo de Escammaca, Presbítero Dominico (Enero 11)

-Beato Jacobo de Luino,Converso Carmelita
-Beato José Allamano, Presbítero y Fundador
-Beato Mariano Arciero, Presbítero
-Beato Nicolás Paglia, Presbítero Dominico

-Nuestra Señora de la Espina, Chalons-sur-Marne, Francia (Siglo 19)


-San Archinrico de Montmajour, Abad
-San Antimo de Brantome, Abad (Busco Estampa)
-San Eulalio de Siracusa, Obispo
-San Flaviano de Constantinopla, Patriarca Obispo y Mártir
-San Honesto de Nimes, Apóstol de Navarra (Busco Estampa)
-San Julián de Egipto, y compañeros Mártires
-San Marciano, Emperador de Oriente
-San Marutas de Martirópolis, Obispo
-San Onésimo, Discípulo de San Pablo
-San Pánfilo de Cesarea, y compañeros Mártires
-San Porfirio de Asia, Mártir
-San Seleuco de Asia, Mártir
-San Simeón de Metz, Obispo
-San Tancon de Verden, Obispo y Mártir

-Traslación de Santa Juliana de Cumes, Mártir, de Nicomedia a Cumes

-Venerable, Antonio Torres, Pío Operario

miércoles, febrero 15, 2017

Evangelio Febrero 15, 2017

Día litúrgico: Miércoles VI del tiempo ordinario

Texto del Evangelio (Mc 8,22-26): En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos llegan a Betsaida. Le presentan un ciego y le suplican que le toque. Tomando al ciego de la mano, le sacó fuera del pueblo, y habiéndole puesto saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntaba: «¿Ves algo?». Él, alzando la vista, dijo: «Veo a los hombres, pues los veo como árboles, pero que andan». Después, le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas. Y le envió a su casa, diciéndole: «Ni siquiera entres en el pueblo».

«Quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas»
Rev. D. Joaquim MESEGUER García - (Sant Quirze del Vallès, Barcelona, España)

Hoy a través de un milagro, Jesús nos habla del proceso de la fe. La curación del ciego en dos etapas muestra que no siempre es la fe una iluminación instantánea, sino que, frecuentemente requiere un itinerario que nos acerque a la luz y nos haga ver claro. No obstante, el primer paso de la fe —empezar a ver la realidad a la luz de Dios— ya es motivo de alegría, como dice san Agustín: «Una vez sanados los ojos, ¿qué podemos tener de más valor, hermanos? Gozan los que ven esta luz que ha sido hecha, la que refulge desde el cielo o la que procede de una antorcha. ¡Y cuán desgraciados se sienten los que no pueden verla!».

Al llegar a Betsaida traen un ciego a Jesús para que le imponga las manos. Es significativo que Jesús se lo lleve fuera; ¿no nos indicará esto que para escuchar la Palabra de Dios, para descubrir la fe y ver la realidad en Cristo, debemos salir de nosotros mismos, de espacios y tiempos ruidosos que nos ahogan y deslumbran para recibir la auténtica iluminación?

Una vez fuera de la aldea, Jesús «le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: ‘¿Ves algo?’» (Lc 8,23). Este gesto recuerda al Bautismo: Jesús ya no nos unta saliva, sino que baña todo nuestro ser con el agua de la salvación y, a lo largo de la vida, nos interroga sobre lo que vemos a la luz de la fe. «le volvió a poner las manos en los ojos y comenzó a ver perfectamente y quedó curado, de suerte que veía claramente todas las cosas.» (Lc 8,25); este segundo momento recuerda el sacramento de la Confirmación, en el que recibimos la plenitud del Espíritu Santo para llegar a la madurez de la fe y ver más claro. Recibir el Bautismo, pero olvidar la Confirmación nos lleva a ver, sí, pero sólo a medias.
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Fuente: evangeli.net