miércoles, abril 26, 2017

Evangelio Abril 26, 2017

Día litúrgico: Miércoles II de Pascua

Santoral 26 de Abril: San Isidoro, obispo y doctor de la Iglesia

Texto del Evangelio (Jn 3,16-21): En aquel tiempo dijo Jesús a Nicodemo: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios. Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios».

«Vino la luz al mundo»
Fr. Damien LIN Yuanheng - (Singapore, Singapur)

Hoy, ante la miríada de opiniones que plantea la vida moderna, puede parecer que la verdad ya no existe —la verdad acerca de Dios, la verdad sobre los temas relativos al género humano, la verdad sobre el matrimonio, las verdades morales y, en última instancia, la verdad sobre mí mismo.

El pasaje del Evangelio de hoy identifica a Jesucristo como «el camino, la verdad y la vida» (Jn 14,6). Sin Jesús sólo encontramos desolación, falsedad y muerte. Sólo hay un camino, y sólo uno que lleve al Cielo,que se llama Jesucristo.

Cristo no es una opinión más. Jesucristo es la auténtica Verdad. Negar la verdad es como insistir en cerrar los ojos ante la luz del Sol. Tanto si le gusta como si no, el Sol siempre estará ahí; pero el infeliz ha escogido libremente cerrar sus ojos ante el Sol de la verdad. De igual forma, muchos se consumen en sus carreras con una tremenda fuerza de voluntad y exigen emplear todo su potencial, olvidando que tan solo pueden alcanzar la verdad acerca de sí mismos caminando junto a Jesucristo.

Por otra parte, según Benedicto XVI, «cada uno encuentra su propio bien asumiendo el proyecto que Dios tiene sobre él, para realizarlo plenamente: en efecto, encuentra en dicho proyecto su verdad y, aceptando esta verdad, se hace libre (cf. Jn 8,32)» (Encíclica "Caritas in Veritate"). La verdad de cada uno es una llamada a convertirse en el hijo o la hija de Dios en la Casa Celestial: «Porque ésta es la voluntad de Dios: tu santificación» (1Tes 4,3). Dios quiere hijos e hijas libres, no esclavos.

En realidad, el “yo” perfecto es un proyecto común entre Dios y yo. Cuando buscamos la santidad, empezamos a reflejar la verdad de Dios en nuestras vidas. El Papa lo dijo de una forma hermosísima: «Cada santo es como un rayo de luz que sale de la Palabra de Dios» (Exhortación apostólica "Verbum Domini").

«Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna»
Rev. D. Manel VALLS i Serra - (Barcelona, España)

Hoy, el Evangelio nos vuelve a invitar a recorrer el camino del apóstol Tomás, que va de la duda a la fe. Nosotros, como Tomás, nos presentamos ante el Señor con nuestras dudas, pero Él viene igualmente a buscarnos: «Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16).

La mañana del día de Pascua, en la primera aparición, Tomás no estaba. «Pasados ocho días», no obstante su rechazo a creer, Tomás se une a los otros discípulos. La indicación está clara: lejos de la comunidad no se conserva la fe. Lejos de los hermanos, la fe no crece, no madura. En la Eucaristía de cada domingo reconocemos su Presencia. Si Tomás muestra la honestidad de su duda es porque el Señor no le concedió inicialmente lo que sí tuvo María Magdalena: no sólo escuchar y ver al Señor, sino tocarlo con sus propias manos. Cristo viene a nuestro encuentro, sobre todo, cuando nos reencontramos con los hermanos y cuando con ellos celebramos la fracción del Pan, es decir, la Eucaristía. Entonces nos invita a “meter la mano en su costado”, es decir, a penetrar en el misterio insondable de su vida.

El paso de la incredulidad a la fe tiene sus etapas. Nuestra conversión a Jesucristo —el paso de la oscuridad a la luz— es un proceso personal, pero necesitamos de la comunidad. En los pasados días de Semana Santa, todos nos sentimos urgidos a seguir a Jesús en su camino hacia la Cruz. Ahora, en pleno tiempo pascual, la Iglesia nos invita a entrar con Él a la vida nueva, con obras hechas según la luz de Dios (cf. Jn 3,21).

También nosotros hemos de sentir hoy personalmente la invitación de Jesús a Tomás: «No seas incrédulo, sino fiel» (Jn 20,27). Nos va la vida en ello, ya que «el que cree en Él, no es juzgado» (Jn 3,18), sino que va a la luz.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 26


-Beato Bonifacio, Obispo
-Beato Domingo, Presbítero
-Beato Gregorio de Besians, Presbítero Dominico
-Beato Emérito, Obispo
-Beato Estanislao Kubista, Presbítero y Mártir
-Beato Julio Junyer Padern, Sacerdote y Mártir
-Beato Ladislao Goral, Obispo y Mártir

-La Virgen Blanca, Mártir

-Nuestra Señora del Buen Consejo
-Nuestra Señora del Buen Consejo, Córcega
-Nuestra Señora de Nairea, Navarra (1048)

-San Anacleto (Cleto), Papa y Mártir

-San Antonino, Mártir
-San Basilio o Basileo de Amasea, Obispo y Mártir
-San Bertilón, Abad
-San Cirino o Cisino, Mártir
-San Clarencio de Viena, Obispo
-San Claudio, Mártir
-Santo Domingo, Religioso
-San Emmón, Abad
-San Esteban de Perm (Permiense), Obispo
-San Fray María Rafael Arnáiz Barón, Religioso Cisterciense
-San Gregorio, Religioso
-San Guillermo de Foggia, Eremita
-San Isidoro de Sevilla, Obispo y Doctor de la Iglesia (Memoria Litúrgica)
-San Lucidio de Verona, Obispo
-San Ludolfo, Obispo y Mártir
-San Marcelino, Papa y Mártir
-San Pascasio Radbert de Corbie, Obispo, Abad y Escritor
-San Pedro de Braga, Obispo y Mártir
-San Primitivo de Gabio, Mártir (Busco Estampa)
-San Peregrino de Foggia, Eremita
-San Rafael Arnaiz Barón, Monje Cisterense
-San Ricardo de Céntula, Monje
-San Ricardo, Presbítero
-San Ricario de Celles, Sacerdote Monje
-San Riquerio, Monje Ermitaño
-San Tarsicio, Mártir
-San Vidal, Mártir

-Santa Alda o Alida de Siena, Viuda, Terciaria de los Humillados

-Santa Esperanza, Confesora
-Santa Exuperancia de Troyes, Virgen
-Santa Franca de Piacenza,
-Santa Valentina, Virgen y Mártir

martes, abril 25, 2017

Evangelio Abril 25, 2017

Día litúrgico: 25 de Abril: San Marcos, evangelista

Texto del Evangelio (Mc 16,15-20): En aquel tiempo, Jesús se apareció a los once y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación. El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, se condenará. Estas son las señales que acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán en lenguas nuevas, agarrarán serpientes en sus manos y aunque beban veneno no les hará daño; impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien».

Con esto, el Señor Jesús, después de hablarles, fue elevado al cielo y se sentó a la diestra de Dios. Ellos salieron a predicar por todas partes, colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban.


«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»
Mons. Agustí CORTÉS i Soriano Obispo de Sant Feliu de Llobregat - (Barcelona, España)

Hoy habría mucho que hablar sobre la cuestión de por qué no resuena con fuerza y convicción la palabra del Evangelio, por qué guardamos los cristianos un silencio sospechoso acerca de lo que creemos, a pesar de la llamada a la “nueva evangelización”. Cada uno hará su propio análisis y apuntará su particular interpretación.

Pero en la fiesta de san Marcos, escuchando el Evangelio y mirando al evangelizador, no podemos sino proclamar con seguridad y agradecimiento dónde está la fuente y en qué consiste la fuerza de nuestra palabra.

El evangelizador no habla porque así se lo recomienda un estudio sociológico del momento, ni porque se lo dicte la “prudencia” política, ni porque “le nace decir lo que piensa”. Sin más, se le ha impuesto una presencia y un mandato, desde fuera, sin coacción, pero con la autoridad de quien es digno de todo crédito: «Ve al mundo entero y proclama el Evangelio a toda la creación» (cf. Mc 16,15). Es decir, que evangelizamos por obediencia, bien que gozosa y confiadamente.

Nuestra palabra, por otra parte, no se presenta como una más en el mercado de las ideas o de las opiniones, sino que tiene todo el peso de los mensajes fuertes y definitivos. De su aceptación o rechazo dependen la vida o la muerte; y su verdad, su capacidad de convicción, viene por la vía testimonial, es decir, aparece acreditada por signos de poder en favor de los necesitados. Por eso es, propiamente, una “proclamación”, una declaración pública, feliz, entusiasmada, de un hecho decisivo y salvador.

¿Por qué, pues, nuestro silencio? ¿Miedo, timidez? Decía san Justino que «aquellos ignorantes e incapaces de elocuencia, persuadieron por la virtud a todo el género humano». El signo o milagro de la virtud es nuestra elocuencia. Dejemos al menos que el Señor en medio de nosotros y con nosotros realice su obra: estaba «colaborando el Señor con ellos y confirmando la Palabra con las señales que la acompañaban» (Mc 16,20).
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 25


-Beata Alejandrina María da Costa, Virgen Laica (Octubre 13)

-Beato Andrés Solá y Molist, Sacerdote y Mártir

-Beato Augusto Czartoryski, religioso
-Beato Bonifacio Valperga, Obispo
-Beato Guillermo Marsden, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)
-Beato José Trinidad Rangel, Presbítero y Mártir
-Beato Juan I de Valence
-Beato Leonardo Pérez Lários, Laico Mártir
-Beato Roberto Anderton, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)

-Dedicación de la Santa Capilla Menor de Paris en honor a Nuestra Señora(1248)
-Nuestra Señora de Guadiatoca
-Nuestra Señora de la Natividad-Méntrida (Toledo)
-Nuestra Señora de los Huertos
-Nuestra Señora de Mouler
-Nuestra Señora de San Pedro de Arenales
-Nuestra Señora de Uxué-Uxué (Navarra)

-San Agatópode o Agatópodo, Diácono y Mártir

-San Ananías, Mártir
-San Aniano de Alejandría, Obispo
-San Calixto, Mártir
-San Clarencio de Vienne, Obispo (Busco Estampa)
-San Cleto I, Papa
-San Erminio de Lobbes, Abad y Obispo
-San Esteban de Antioquía, Obispo y Mártir (Busco Estampa)
-San Evodio, Mártir
-San Febadio de Agen, Obispo
-San Fiarf o Fiari, Obispo
-San Filón, Obispo y Mártir
-San Floriberto, Obispo
-San Herminio, Abad
-San Heribaldo de Auxerre,
-San Hermógenes, Mártir
-San Juan (Giovanni) Bautista Piamarta, Presbítero y Fundador
-San Kebio, Obispo
-San Lucidio, Mártir
-San Macaldo, Obispo
-San Macalio, Obispo
-San Marcos, Evangelista Mártir (Memoria Litúrgica)
-San Pasícrato o Pasicrates de Silistra, Mártir
-San Pedro de San José Betancur, Terciario Franciscano
-San Rústico, Obispo
-San Valente o Valencio de Silistra, Mártir

-Santa Franca de Piacenza, Virgen y Abadesa

-Santa Siagria, Virgen y Abadesa
-Santa Teresa Ansúrez, Abadesa
-Santa Hunna o Uña, Viuda Laica (Abril 15)

-Santa María de Ujué - Navarra

-Virgen de la Concha
-Virgen de Montler

lunes, abril 24, 2017

Evangelio Abril 24, 2017

Día litúrgico: Lunes II de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 3,1-8): Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Fue éste donde Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede realizar las señales que tú realizas si Dios no está con él». Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios».

Dícele Nicodemo: «¿Cómo puede uno nacer siendo ya viejo? ¿Puede acaso entrar otra vez en el seno de su madre y nacer?». Respondió Jesús: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu. No te asombres de que te haya dicho: ‘Tenéis que nacer de lo alto’. El viento sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que nace del Espíritu».


«El que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios»
Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM - (Barcelona, España)

Hoy, un «magistrado judío» (Jn 3,1) va al encuentro de Jesús. El Evangelio dice que lo hace de noche: ¿qué dirían los compañeros si se enterasen de ello? En la instrucción de Jesús encontramos una catequesis bautismal, que seguramente circulaba en la comunidad del Evangelista.

Hace muy pocos días celebrábamos la vigilia pascual. Una parte integrante de ella era la celebración del Bautismo, que es la Pascua, el paso de la muerte a la vida. La bendición solemne del agua y la renovación de las promesas fueron puntos clave en aquella noche santa.

En el ritual del bautismo hay una inmersión en el agua (símbolo de la muerte), y una salida del agua (imagen de la nueva vida). Se es sumergido con el pecado, y se sale de ahí renovado. Esto es lo que Jesús denomina «nacer de lo alto» o «nacer de nuevo» (cf. Jn 3,3). Esto es “nacer del agua”, “nacer del Espíritu” o “del soplo del viento...”.

Agua y Espíritu son los dos símbolos empleados por Jesús. Ambos expresan la acción del Espíritu Santo que purifica y da vida, limpia y anima, aplaca la sed y respira, suaviza y habla. Agua y Espíritu hacen una sola cosa.

En cambio, Jesús habla también de la oposición de carne y Espíritu: «Lo nacido de la carne, es carne; lo nacido del Espíritu, es espíritu» (Jn 3,6). El hombre carnal nace humanamente cuando aparece aquí abajo. Pero el hombre espiritual muere a lo que es puramente carnal y nace espiritualmente en el Bautismo, que es nacer de nuevo y de lo alto. Una bella fórmula de san Pablo podría ser nuestro lema de reflexión y acción, sobre todo en este tiempo pascual: «¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con Él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva» (Rom 6,3-4).
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 24


-Nuestra Señora de Bonaria, Isla Cerdeña (1370). Declara Patrona de Cerdeña en 1908
-Nuestra Señora de la Caridad

-San Alejandro de Lyon, Mártir

-San Antimo o Antimio de Nicomedia, Obispo y compañeros Mártires
-San Benito Menni, Fundador
-San Cerasio, Obispo
-San Daniel, Anacoreta Mártir
-San Deodato o Diosdado de Blois, Diácono y Abad (Busco Estampa)
-Santo Domingo, Presbítero
-San Egberto de Northumbría, Monje y Presbítero
-San Erminio, Mártir
-San Eusebio, Mártir
-San Febadio, Obispo
-San Fidel de Sigmaringen, Presbítero y Mártir (Memoria Litúrgica)
-San Francisco Colmenario, Religioso
-San Gregorio de Elvira o de Ilíberis, Arzobispo
-San Guillermo Firmado o Fermato, Eremita (Busco Estampa)
-San Honorio, Obispo
-San Ivo de Huntringdonshire, Obispo
-San Leoncio, Mártir
-San Longinos, Mártir
-San Melito o Melitón de Canterbury, Abad y Obispo
-San Neón, Mártir
-San Pedro de San José Betancur, Terciario Franciscano (Abril 25)

-San Roberto, Abad

-San Sabas, Mártir
-San Wilfredo o Wilfrido de York, Abad y Obispo

-Santa Bofa, Abadesa

-Santa Bona o Bova, Abadesa
-Santa Doda o Dova, Abadesa
-Santa María de Cleofás, seguidora de Jesús
-Santa María Isabel Hesselblad, Religiosa Brigidina
-Santa María Salomé, Madre Santiago y Juan Apóstoles, seguidora de Jesús
-Santa María de Santa Eufrasia Pelletier, Religiosa y Fundadora

-Virgen del Pueyo


domingo, abril 23, 2017

Evangelio Abril 23, 2017

Día litúrgico: Domingo II (A) (B) (C) de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 20,19-31): Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío». Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré».

Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros». Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente». Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío». Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído».

Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.


«Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados»
Rev. D. Joan Ant. MATEO i García - (La Fuliola, Lleida, España)

Hoy, Domingo II de Pascua, completamos la octava de este tiempo litúrgico, una de las dos octavas —juntamente con la de Navidad— que en la liturgia renovada por el Concilio Vaticano II han quedado. Durante ocho días contemplamos el mismo misterio y tratamos de profundizar en él bajo la luz del Espíritu Santo.

Por designio del Papa San Juan Pablo II, este domingo se llama Domingo de la Divina Misericordia. Se trata de algo que va mucho más allá que una devoción particular. Como ha explicado el Santo Padre en su encíclica Dives in misericordia, la Divina Misericordia es la manifestación amorosa de Dios en una historia herida por el pecado. “Misericordia” proviene de dos palabras: “Miseria” y “Cor”. Dios pone nuestra mísera situación debida al pecado en su corazón de Padre, que es fiel a sus designios. Jesucristo, muerto y resucitado, es la suprema manifestación y actuación de la Divina Misericordia. «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Unigénito» (Jn 3,16) y lo ha enviado a la muerte para que fuésemos salvados. «Para redimir al esclavo ha sacrificado al Hijo», hemos proclamado en el Pregón pascual de la Vigilia. Y, una vez resucitado, lo ha constituido en fuente de salvación para todos los que creen en Él. Por la fe y la conversión acogemos el tesoro de la Divina Misericordia.

La Santa Madre Iglesia, que quiere que sus hijos vivan de la vida del resucitado, manda que —al menos por Pascua— se comulgue y que se haga en gracia de Dios. La cincuentena pascual es el tiempo oportuno para el cumplimiento pascual. Es un buen momento para confesarse y acoger el poder de perdonar los pecados que el Señor resucitado ha conferido a su Iglesia, ya que Él dijo sólo a los Apóstoles: «Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados» (Jn 20,22-23). Así acudiremos a las fuentes de la Divina Misericordia. Y no dudemos en llevar a nuestros amigos a estas fuentes de vida: a la Eucaristía y a la Penitencia. Jesús resucitado cuenta con nosotros.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 23



-Beata Elena Valentini de Udine, Viuda, Laica Agustina

-Beato Egidio o Gil de Asís, Religioso
-Beato Francesco Spoto, Religioso y Mártir
-Beato Francisco Spoto, Presbítero

-Nuestra Señora la Coronada
-Nuestra Señora de Mende, África (Siglo 16)
-Nuestra Señora de los Remedios-Cártama (Málaga)

-San Adalberto de Praga, Obispo y Mártir (Memoria Litúrgica)
-San Alejandro de Sauli, Arzobispo
-San Aniano, Obispo
-San Aquileo o Aquiles, Diácono y mártir
-San Etelredo, Rey
-San Eulogio de Edesa, Obispo (Busco Estampa)
-San Félix, Presbítero y Mártir
-San Fortunato, Diácono y Mártir
-San Gerardo de Toul, Obispo
-San Gil de Sanmur, Arzobispo
-San Ibar, Obispo
-San Jorge, Mártir
-San Jorge de Sueli, Obispo
-San Jorge de Lidda, Mártir, Patrono de Inglaterra (Memoria Litúrgica)
-San Marolo de Milán, Obispo
-San Terino, Mártir

-Santa Lioba, Virgen
-Santa Pusina, Virgen

-Siervo de Dios José Torres Padilla, Sacerdote

sábado, abril 22, 2017

Evangelio Abril 22, 2017

Día litúrgico: Sábado de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Mc 16,9-15): Jesús resucitó en la madrugada, el primer día de la semana, y se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos. Ellos, al oír que vivía y que había sido visto por ella, no creyeron. Después de esto, se apareció, bajo otra figura, a dos de ellos cuando iban de camino a una aldea. Ellos volvieron a comunicárselo a los demás; pero tampoco creyeron a éstos. Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de corazón, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: «Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación».

«Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación»
P. Jacques PHILIPPE - (Cordes sur Ciel, Francia)

Hoy, confiando en Jesús resucitado, hemos de redescubrir el Evangelio como una “buena nueva”. El Evangelio no es una ley que nos oprime. Alguna vez hemos podido caer en la tentación de pensar que los que no son cristianos están más tranquilos que nosotros y hacen lo que quieren, mientras que nosotros tenemos que cumplir una lista de mandamientos. Es una visión de las cosas meramente superficial.

Personalmente, una de mis mayores preocupaciones es que el Evangelio se presente siempre como una buena nueva, una feliz noticia, que nos llene el corazón de alegría y consuelo.

La enseñanza de Jesús es por supuesto exigente, pero Teresa del Niño Jesús nos ayuda a percibirla realmente como una buena nueva, puesto que para ella el Evangelio no es otra cosa que la revelación de la ternura de Dios, de la misericordia de Dios con cada uno de sus hijos, y señala las leyes de la vida que llevan a la felicidad. El centro de la vida cristiana es acoger con reconocimiento la ternura y la bondad de Dios —revelación de su amor misericordioso— y dejarse transformar por dicho amor.

El itinerario espiritual tomado por santa Teresita, el “caminito”, es un auténtico camino de santidad, un camino con cabida para todos, hecho de tal manera que nadie puede desanimarse, ni los más humildes, ni los más pobres, ni los más pecadores. Teresa anticipa así el Concilio Vaticano II que afirma con seguridad que la santidad no es un camino excepcional, sino una llamada para todos los cristianos, de la que nadie debe ser excluido. Hasta el más vulnerable y miserable de los hombres puede responder a la llamada a la santidad.

Esta santidad consiste en un «camino de confianza y amor». Así, «el ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! (…). Tú, Dios mío, has rebasado mi esperanza, y yo quiero cantar tus misericordias» (Santa Teresa de Lisieux).

«María Magdalena (...) fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, (... pero) no creyeron»
P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP - (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)

Hoy, el Evangelio nos ofrece la oportunidad de meditar algunos aspectos de los que cada uno de nosotros tiene experiencia: estamos seguros de amar a Jesús, lo consideramos el mejor de nuestros amigos; no obstante, ¿quién de nosotros podría afirmar no haberlo traicionado nunca? Pensemos si no lo hemos mal vendido, por lo menos alguna vez, por un bien ilusorio, del peor oropel. En segundo lugar, aunque frecuentemente estamos tentados a sobrevalorarnos en cuanto cristianos, sin embargo el testimonio de nuestra propia conciencia nos impone callar y humillarnos, a imitación del publicano que no osaba ni tan sólo levantar la cabeza, golpeándose el pecho, mientras repetía: «Oh Dios, ven junto a mí a ayudarme, que soy un pecador» (Lc 18,13).

Afirmado todo esto, no puede sorprendernos la conducta de los discípulos. Han conocido personalmente a Jesús, le han apreciado los dotes de mente, de corazón, las cualidades incomparables de su predicación. Con todo, cuando Jesucristo ya había resucitado, una de las mujeres del grupo —María Magdalena— «fue a comunicar la noticia a los que habían vivido con Él, que estaban tristes y llorosos» (Mc 16,10) y, en lugar de interrumpir las lágrimas y comenzar a bailar de alegría, no le creen. Es la señal de que nuestro centro de gravedad es la tierra.

Los discípulos tenían ante sí el anuncio inédito de la Resurrección y, en cambio, prefieren continuar compadeciéndose de ellos mismos. Hemos pecado, ¡sí! Le hemos traicionado, ¡sí! Le hemos celebrado una especie de exequias paganas, ¡sí! De ahora en adelante, que no sea más así: después de habernos golpeado el pecho, lancémonos a los pies, con la cabeza bien alta mirando arriba, y... ¡adelante!, ¡en marcha tras Él!, siguiendo su ritmo. Ha dicho sabiamente el escritor francés Gustave Flaubert: «Creo que si mirásemos sin parar al cielo, acabaríamos teniendo alas». El hombre, que estaba inmerso en el pecado, en la ignorancia y en la tibieza, desde hoy y para siempre ha de saber que, gracias a la Resurrección de Cristo, «se encuentra como inmerso en la luz del mediodía».
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 22


-Beato Francisco de Fabriano, Presbítero Franciscano
-Beato Khacir Cogiá Orlan Oghlou, Mártir


-Nuestra Señora de la Soledad
-Nuestra Señora de Betharam, Francia (1503)

-San Abdieso o Abdieze, Mártir

-San Acépsimas, Obispo
-San Adalberto, Obispo y Mártir
-San Agapito I, Papa (Septiembre 20)
-San Aitala, Presbítero y Mártir
-San Aitalas, Presbítero y Mártir
-San Aldeberto, Monje
-San Alejandro de Lyon, Mártir
-San Apeles de Esmirnia, Obispo y Mártir
-San Aprónculo, Obispo
-San Azadanes, Diácono y Mártir
-San Azades, Mártir
-San Bicor, Obispo y Mártir
-San Cayo, Papa y Mártir 
-San Clemente, Mártir
-San Crisóteles o Crisótelo, Presbítero y Mátir
-San Daniel, Mártir
-San Elimenas, Presbítero
-San Epipodio o Epipodo de Lyon, y compañeros, Mártires
-San Francisco de Fabiano, Presbítero Franciscano
-San Helimenas, Presbítero y Mártir
-San Helimenio, Presbítero y Mártir
-San José, Presbítero y Mártir
-San Julián, Confesor
-San León de Sens, Obispo (Busco Estampa) 
-San Leonidas o Leonides de Alejandría, Mártir
-San Lucas, Presbítero y Mártir
-San Lucio de Laodicea, Obispo y Mártir
-San Mareas, Obispo y Mártir
-San Mariább o Maryahb, Obispo y Mártir (Busco Estampa)
-San Miles, Obispo y Mártir
-San Mucio, Presbítero y Mártir
-San Nearca, Mártir
-San Pármenas o Parmenio, Presbítero y Mártir
-San Raúl, Abad
-San Rufino, Confesor
-San Simeón, Mártir
-San Sotero, Papa y Mártir
-San Teodoro de Siqueon o Anastasiópolis, Abad y Obispo
-San Teodoro de Sicea, Obispo
-San Santiago, Mártir

-Santa Alesandra de Nicomedia, Mártir

-Santa Ferbuta o Tárbula de Persia, y compañeras Mártires
-Santa María, Virgen
-Santa Mekadostâ de Persia, Mártir (hermana de Ferbuta o Tárbula)
-Santa Oportuna de Séez, Abadesa


viernes, abril 21, 2017

Evangelio Abril 21, 2017

Día litúrgico: Viernes de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Jn 21,1-14): En aquel tiempo, se manifestó Jesús otra vez a los discípulos a orillas del mar de Tiberíades. Se manifestó de esta manera. Estaban juntos Simón Pedro, Tomás, llamado el Mellizo, Natanael, el de Caná de Galilea, los de Zebedeo y otros dos de sus discípulos. Simón Pedro les dice: «Voy a pescar». Le contestan ellos: «También nosotros vamos contigo». Fueron y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.

Cuando ya amaneció, estaba Jesús en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Díceles Jesús: «Muchachos, ¿no tenéis pescado?». Le contestaron: «No». Él les dijo: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, pues, y ya no podían arrastrarla por la abundancia de peces. El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: «Es el Señor». Simón Pedro, cuando oyó que era el Señor, se puso el vestido —pues estaba desnudo— y se lanzó al mar. Los demás discípulos vinieron en la barca, arrastrando la red con los peces; pues no distaban mucho de tierra, sino unos doscientos codos.

Nada más saltar a tierra, ven preparadas unas brasas y un pez sobre ellas y pan. Díceles Jesús: «Traed algunos de los peces que acabáis de pescar». Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y, aun siendo tantos, no se rompió la red. Jesús les dice: «Venid y comed». Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: «¿Quién eres tú?», sabiendo que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da; y de igual modo el pez. Ésta fue ya la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos.


«Ésta fue la tercera vez que Jesús se manifestó a los discípulos después de resucitar de entre los muertos»
Rev. D. Joaquim MONRÓS i Guitart - (Tarragona, España)

Hoy, Jesús por tercera vez se aparece a los discípulos desde que resucitó. Pedro ha regresado a su trabajo de pescador y los otros se animan a acompañarle. Es lógico que, si era pescador antes de seguir a Jesús, continúe siéndolo después; y todavía hay quien se extraña de que no se tenga que abandonar el propio trabajo, honrado, para seguir a Cristo.

¡Aquella noche no pescaron nada! Cuando al amanecer aparece Jesús, no le reconocen hasta que les pide algo para comer. Al decirle que no tienen nada, Él les indica dónde han de lanzar la red. A pesar de que los pescadores se las saben todas, y en este caso han estado bregando sin frutos, obedecen. «¡Oh poder de la obediencia! —El lago de Genesaret negaba sus peces a las redes de Pedro. Toda una noche en vano. —Ahora, obediente, volvió la red al agua y pescaron (...) una gran cantidad de peces. —Créeme: el milagro se repite cada día» (San Josemaría).

El evangelista hace notar que eran «ciento cincuenta y tres» peces grandes (cf. Jn 21,11) y, siendo tantos, no se rompieron las redes. Son detalles a tener en cuenta, ya que la Redención se ha hecho con obediencia responsable, en medio de las tareas corrientes.

Todos sabían «que era el Señor. Viene entonces Jesús, toma el pan y se lo da» (Jn 21,12-13). Igual hizo con el pescado. Tanto el alimento espiritual, como también el alimento material, no faltarán si obedecemos. Lo enseña a sus seguidores más próximos y nos lo vuelve a decir a través de San Juan Pablo II: «Al comienzo del nuevo milenio, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús (...) invitó al Apóstol a ‘remar mar adentro’: ‘Duc in altum’ (Lc 5, 4). Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo (...) y ‘recogieron una cantidad enorme de peces’ (Lc 5,6). Esta palabra resuena también hoy para nosotros».

Por la obediencia, como la de María, pedimos al Señor que siga otorgando frutos apostólicos a toda la Iglesia.
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Fuente: evangeli.net

Santoral Abril 21


-Beata Clara Bosalta, Virgen Fundadora (Abril 20)

-Beato Bartolomé Cerveri, Sacerdote y Mártir (Febrero 3)

-Beato Juan Saziari, Religioso Franciscano

-Institución de la Cofradía de la Inmaculada Concepción, Toledo, España (1506)


-San Abdécalas, Presbítero y Mártir

-San Ananías, Presbítero y Mártir
-San Anastasio el Sinaíta, Obispo Ermitaño
-San Anastasio I, Patriarca y Mártir
-San Anfiso, Confesor
-San Anselmo de Cantorbery, Obispo y Doctor de la Iglesia (Memoria Litúrgica)
-San Apolo, Mártir
-San Apolonio de Roma, Mártir
-San Aristo, Presbítero y Mártir (Busco Estampa)
-San Arador o Arator, Presbítero y Mártir
-San Bartolomé Cervier, Confesor
-San Brunón, Abad
-San Codrato, Mártir
-San Conrado (Juan Evangelista) Birndorfer de Parzham, Monje Capuchino
-San Crotates, Mártir
-San Crotato, Mártir
-San Fastrado, Abad
-San Félix, Mártir
-San Fortunato, Mártir
-San Isaac, Mártir
-San Isacio, Mártir
-San Maximiano, Patriarca
-San Maximiliano de Constantinopla, Obispo (Busco Estampa)
-San Maelrubo o Melrubi, Abad
-San Pusicio, Mártir
-San Román Adame Rosales, Presbítero y Mártir
-San Silvestre, Confesor
-San Silvio, Mártir
-San Simeón Barsabas, Obispo y Mártir
-San Timoteo, Mártir
-San Ustazanes, Mártir
-San Vidal, Mártir

-Santa Alejandra de Nicomedia, Reina y Mártir

-Santa Sandra, Mártir

jueves, abril 20, 2017

Evangelio Abril 20, 2017

Día litúrgico: Jueves de la octava de Pascua

Texto del Evangelio (Lc 24,35-48): En aquel tiempo, los discípulos contaron lo que había pasado en el camino y cómo habían conocido a Jesús en la fracción del pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros». Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. Pero Él les dijo: «¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: «¿Tenéis aquí algo de comer?». Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. Lo tomó y comió delante de ellos.

Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí’». Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, y les dijo: «Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. Vosotros sois testigos de estas cosas».


«La paz con vosotros»
Rev. D. Joan Carles MONTSERRAT i Pulido - (Cerdanyola del Vallès, Barcelona, España)

Hoy, Cristo resucitado saluda a los discípulos, nuevamente, con el deseo de la paz: «La paz con vosotros» (Lc 24,36). Así disipa los temores y presentimientos que los Apóstoles han acumulado durante los días de pasión y de soledad.

Él no es un fantasma, es totalmente real, pero, a veces, el miedo en nuestra vida va tomando cuerpo como si fuese la única realidad. En ocasiones es la falta de fe y de vida interior lo que va cambiando las cosas: el miedo pasa a ser la realidad y Cristo se desdibuja de nuestra vida. En cambio, la presencia de Cristo en la vida del cristiano aleja las dudas, ilumina nuestra existencia, especialmente los rincones que ninguna explicación humana puede esclarecer. San Gregorio Nacianceno nos exhorta: «Debiéramos avergonzarnos al prescindir del saludo de la paz, que el Señor nos dejó cuando iba a salir del mundo. La paz es un nombre y una cosa sabrosa, que sabemos proviene de Dios, según dice el Apóstol a los filipenses: ‘La paz de Dios’; y que es de Dios lo muestra también cuando dice a los efesios: ‘Él es nuestra paz’».

La resurrección de Cristo es lo que da sentido a todas las vicisitudes y sentimientos, lo que nos ayuda a recobrar la calma y a serenarnos en las tinieblas de nuestra vida. Las otras pequeñas luces que encontramos en la vida sólo tienen sentido en esta Luz.

«Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí...»: nuevamente les «abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras» (Lc 24,44-45), como ya lo había hecho con los discípulos de Emaús. También quiere el Señor abrirnos a nosotros el sentido de las Escrituras para nuestra vida; desea transformar nuestro pobre corazón en un corazón que sea también ardiente, como el suyo: con la explicación de la Escritura y la fracción del Pan, la Eucaristía. En otras palabras: la tarea del cristiano es ir viendo cómo su historia Él la quiere convertir en historia de salvación.
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Fuente: evangeli.net